El viaje del alma

El alma no tiene raza, no tiene religión, solo conoce el Amor y la Compasión.
Todos somos seres divinos, hace miles de años que lo sabemos, pero nos hemos olvidado y,
para volver a casa tenemos que recordar el camino. BRIAN WEISS




viernes, 12 de mayo de 2017

El Arte de Morir


Extracto del libro “Curación esotérica”
Por el Maestro Tibetano Djwhal Khul (Alice A. Bailey)

La muerte es literalmente el retiro de las dos corrientes de energía del corazón o de la cabeza, produciendo en consecuencia la pérdida total de la conciencia y la desintegración del cuerpo. La muerte difiere del sueño en que ambas corrientes de energía son retiradas, pues durante el sueño sólo es extraído el hilo de energía “anclado” en el cerebro; cuando esto ocurre, el hombre queda inconsciente. Significa que su conciencia o sentido de percepción está enfocado en otra parte. Su atención no está ya dirigida hacia las cosas tangibles y físicas, sino que se traslada hacia otro mundo del ser y se centraliza en otro mecanismo. Durante la muerte, ambos hilos son retirados o unificados con el hilo de la vida. La vitalidad ya no penetra a través de la corriente sanguínea, el corazón deja de funcionar y el cerebro de registrar, entonces desciende el silencio. La morada queda desierta. La actividad cesa, excepto esa asombrosa e inmediata actividad que es prerrogativa de la materia misma y se expresa en el proceso de descomposición. Desde ciertos aspectos, ese proceso indica la unidad del hombre con todo lo material, demuestra que forma parte de la naturaleza misma, queriendo significar con la palabra naturaleza el cuerpo de la Vida Una en Quien “vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser”. Las palabras -vida, movimiento y ser- encierran toda la historia. Ser es percepción, autoconciencia y autoexpresión, y los símbolos esotéricos son la cabeza y el cerebro del hombre. Vida es energía, deseo en la forma, coherencia y adhesión a una idea, siendo los símbolos esotéricos el corazón y la sangre. Movimiento indica integración y respuesta de la entidad existente, consciente y viviente dentro de la actividad universal, siendo el estómago, el páncreas y el hígado, sus símbolos.



Debe observarse también que la muerte se produce bajo la dirección del ego, no importa si el ser humano es inconsciente de tal dirección. En la mayoría, el proceso ocurre automáticamente, pues (cuando el alma aparta su atención) la reacción inevitable en el piano físico es la muerte, ya sea por la abstracción de los dos hilos, de la vida y de la energía razonadora, o por la abstracción del hilo de energía cualificado por la mentalidad, dejando que la corriente de vida funcione todavía a través del corazón, pero sin un conocimiento inteligente. El alma se halla en otro lugar, ocupada en su propio plano con sus propios asuntos.
Tratado sobre Magia Blanca, págs. 360-361.

En el cuerpo humano, como sabemos, tenemos un cuerpo vital subyacente, interpenetrante, contraparte del físico, más grande que éste, denominado cuerpo doble o etérico. Es un cuerpo de energía y está compuesto de centros de fuerzas y nadis, o hilos de fuerza, los cuales subyacen en el sistema nervioso -los nervios y los ganglios nerviosos- o son la contraparte. En dos lugares del cuerpo humano hay orificios de salida, si puedo emplear una frase poco eufónica. Uno está ubicado en el plexo solar y el otro en el cerebro, en la cima de la cabeza. Ambos están protegidos por una tupida trama de sustancia etérica, compuesta de hebras entrelazadas de energía vital.

En el proceso de la muerte la presión de la energía vital, golpeando contra la trama, produce eventualmente una puntura o abertura. Por ella sale la fuerza vital, a medida que aumenta la potente influencia abstrayente del alma. En el caso de animales, niños, hombres y mujeres, totalmente polarizados en los cuerpos físico y astral, la puerta de salida es el plexo solar, rasgándose la trama y permitiendo la salida de la fuerza vital. En el caso de tipos mentales, de unidades humanas altamente evolucionadas, se rasga la trama de la cima de la cabeza en la zona de la fontanela, permitiendo así la salida del ser racional pensante.
En el proceso de la muerte, por lo tanto, dos son las salidas principales: el plexo solar para los seres humanos astralmente polarizados y físicamente predispuestos, por lo general la gran mayoría, y el centro coronario para los seres humanos mentalmente polarizados y espiritualmente orientados. Éste es el primer y más importante factor que debe recordarse, y fácilmente se verá que la tendencia de la vida y su enfoque de atención determinan la forma de salida al morir. También se podrá ver que el esfuerzo para controlar la vida astral y la naturaleza emocional y para orientarse hacia el mundo mental y las cosas espirituales, tiene un efecto muy importante sobre los aspectos fenoménicos del proceso de la muerte.

Si el estudiante piensa con claridad, le será evidente que una salida concierne al hombre espiritual y altamente evolucionado, mientras que la otra, al ser humano de grado inferior, que apenas ha salido de la etapa animal. ¿Qué sucede entonces con el hombre común? Existe una tercera salida, empleada ahora temporariamente; exactamente debajo del ápice del corazón hay otra trama etérica que cubre un orificio de salida. Por lo tanto, la situación es la siguiente:

1.      La salida por la cabeza, es utilizada por los intelectuales, los discípulos y los iniciados del mundo. 
2.      La salida por el corazón, es utilizada por la mujer o el hombre bondadoso, bien intencionados, buen ciudadano, amigo inteligente y trabajador filantrópico.
3.      La salida por la zona del plexo solar, es utilizada por las personas que poseen una fuerte naturaleza animal.

Ante todo, debe haber silencio en la habitación. Esto sucede con frecuencia. Debe recordarse que, por lo general, la persona moribunda está inconsciente. Tal inconsciencia no es real sino aparente. De novecientos casos sobre mil conservan la percepción cerebral con plena conciencia de los acontecimientos, pero existe una paralización de la voluntad para expresarse e incapacidad para generar la energía que indica vivencia. Cuando el silencio y la comprensión reinan en la habitación del moribundo, el alma que parte puede mantener con lucidez la posesión de su instrumento hasta el último instante, y prepararse debidamente.

En el futuro, cuando se sepa más acerca de los colores, sólo se permitirá la luz anaranjada en la habitación de un moribundo, que será instalada con una ceremonia apropiada y cuando no haya posibilidad de restablecimiento. El color anaranjado ayuda a enfocarse en la cabeza, así como el color rojo estimula el plexo solar y el verde tiene un definido efecto sobre el corazón y las corrientes de vida.

Ciertos tipos de música podrán ser empleados cuando se conozca algo más respecto al sonido, pero no tenemos aún una música que facilite al alma el trabajo de retirarse del cuerpo, aunque se hallará que ciertas notas del órgano son eficaces. Si se emite la misma nota de la persona en el momento exacto de la muerte, se coordinarán las dos corrientes de energía que eventualmente cortarán el hilo de vida, pero este conocimiento es demasiado peligroso para ser transmitido y sólo podrá revelarse más adelante. Quisiera indicar las líneas que seguirán los futuros estudios esotéricos.

Se hallará también que la presión sobre ciertos centros nerviosos y ciertas arterias facilitará el trabajo, y que esta ciencia de la muerte se mantiene en custodia en el Tíbet, como bien saben muchos estudiantes. Será muy útil y eficaz ejercer presión sobre la vena yugular y ciertos grandes nervios de la zona de la cabeza y en un punto especial de la médula oblongada. Más adelante será elaborada inevitablemente una ciencia definida de morir, pero sólo cuando sea reconocida la existencia del alma y haya sido científicamente demostrada su relación con el cuerpo.

También serán empleadas frases mántricas definidamente plasmadas en la conciencia de la persona moribunda, por quienes están a su alrededor, o empleadas deliberada y mentalmente por ella misma. El Cristo lo demostró cuando exclamó: “Padre, en Tus manos encomiendo Mi espíritu”. Tenemos otro ejemplo en las palabras: “Señor, ahora dejarás a tu siervo irse en paz”. El constante empleo de la Palabra Sagrada entonada en voz baja o en una nota especial (a la cual podrá responder el moribundo) más adelante constituirá también una parte del ritual de transición, acompañado por la unción de aceite según se practica en la Iglesia Católica. La Extrema Unción tiene una base oculta y científica. La cima de la cabeza del moribundo debería estar apuntando simbólicamente hacia el este, y las manos y los pies cruzados. Únicamente deberá quemarse madera de sándalo en la habitación y no se permitirá ninguna otra clase de incienso, porque el sándalo es el incienso del Primer Rayo o Destructor y el alma está en el proceso de destruir su morada.